Iglesia de San Julián y Santa Basilisa
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Iglesia de San Julián y Basilisa

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El documento más antiguo que se conoce hasta hoy es el acta que recoge la presencia del obispo de Ávila en San Juan y Santa Basilisa en 1.250 para consagrarla como basílica.

 Iglesia de San Julián y Santa Basilisa.
Este hecho del que no se conoce parangón en la comarca, pone de manifiesto la relevancia del templo de Horcajo de las Torres.

La iglesia de los Santos Julián y Basilisa sufrió numerosos avatares que la llevaron a una ruina casi total de la que no se salvó la torre campanario. La buena traza de esta estructura la conocemos por algunas fotografías conservadas. El resultado de los avatares que ha sufrido el templo es un edificio de considerables dimensiones, de planta basilical con cabecera trapezoidal y crucero que no se marca en planta pero si en alzado, al que se adosa un cuerpo de tres naves de anchura decreciente hacia los pies y torre casi enfilada.  

La estructura de la iglesia fecha principalmente en el S.XVI aunque en el S.XVIII se construyó la cabecera y se ensanchó la nave situada más hacia el Norte. Partiendo del deteriorirado estado que presentaba el edificio, se llevó a cabo una restauración que fue abarcando tanto elementos arquitectónicos como artísticos. Adosado a los restos de la antigua torre, se construyó otro campanario en ladrillo liso, sin ninguna decoración. Se aprecia a simple vista la fábrica original formada por cajas de mampostería alternadas con verdugadas de ladrillo. En el interior, el coro se ha sustituido por una moderna estructura de metal y, además, se han añadido algunos ventanales.

La torre trataba de la parte más antigua del templo junto con los restos de un pórtico cegado cuyo espacio fue incluido en la nave septentrional, todo ello fechable en el S.XII. En este paramento encontramos el acceso que lo conforma un arco apuntado de tres roscas, de mayor anchura la interior, a las que se sobrepone un friso de esquinillas y parece que estuvo recuadrado. Hacia el Este tres arcos menores y cuatro más a poniente, todos en recuadros y sobre ellos frisos de ladrillos a sardinel y uno a facetas. 

Como ha señalado Gutierrez Robledo es uno de los pocos pórticos conservados de esta cronología y factura en la provincia -muy frecuentes son en tierras de Cuéllar- junto a los de San Estéban de Zapardiel, Orbita y El Salvador de Arévalo. Este es el único del grupo dispuesto al Norte, probablemente para abrirse a la zona principal de la localidad y por el desnivel del costado opuesto.

Sin embargo, no es la única obra artística de entidad que encontramos en el templo. El retablo Mayor es del mediados del S.XVIII con tres calles y dos cuerpos en la calle central. Está presidido por un Cristo anterior al resto del conjunto y, por encima de éste, se sitúa una talla de la Virgen del Pópulo en piedra policromada atribuida a Juan Rodríguez. En los laterales, se disponen las imágenes de los santos patrones de la iglesia, San Julián con palma y punta de flecha y Santa Basilisa. Con datación semejante al anterior hay otros dos retablos repartidos por las naves laterales. Uno de ellos está dedicado a Nuestra Señora de la Portería, una virgen cuyo culto iniciado en Ávila se extendió rápidamente llegando incluso hasta Iberoamérica.

Una de las piezas más valiosas es un altar situado en la nave meridional, realizado en yeso en el que se funden el lenguaje mudéjar y renaciente, y que ha sido restaurado en 1.998 recuperándose la policromía y parte de las piezas que se habían perdido. Está formado por un arco entre pilastras y aparece rematado pcon un frontón repitiendo tipologías propias de los retablos del Renacimiento, una estructura que puede fecharse en la primera mitad del S.XVI. Sin embargo, vemos cómo en el intradós se incorporan temas de lacería con rica policromía de rojos y azules, de tal forma que las líneas destacan sobre el blanco. En el centro se representa la escena del Calvario y en el frontón una Piedad. El friso aparece decorado por los símbolos de la Pasión. El valor de este retablo radica tanto por la calidad de la obra en sí misma como por el hecho de ser uno de los pocos ejemplos de altares y retablos en yesería que han llegado hasta nosotros.

 

Textos: María Isabel López Fernández en "La arquitectura mudéjar en Ávila" ; Raimundo Moreno en "Memoria mudéjar en La Moraña" ; Jorge Díaz de la Torre en "Un reino de ladrillo y adobe".

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